Rayos Gama
Max se baja de su nave espacial con pisadas firmes. Se planta ante las puertas de cristal del enorme edificio Zeta y éstas se abren para él, sintiendo su presencia.
Lo recibe un familiar olor a limón, y el eco de una voz robótica le recuerda que está lejos de casa. La luz artificial de la estancia contrasta con el bello naranja amanecer que entra por los ventanales, y por mucho que Max quiera quedarse a admirarlo, tiene una misión que cumplir. Se adentra en el edificio con seguridad.
Sus pisadas siguen el ritmo de la voz robótica. Se mueve por pasillos estrechos, esquiva las puertas que se van abriendo y hace lo posible por evadir a las misteriosas criaturas de batas blancas que caminan por todo el lugar, sosteniendo tabletas y presionando botones con frenesí.
En el camino se encuentra con un grupo de compañeros guardianes a quienes les dedica una mirada cómplice. Algunos le sonríen, otros agachan la cabeza en una despedida silenciosa.
No se preocupen. Yo puedo hacerlo.